LA TÉCNICA CIENTÍFICA II

Este texto escrito por Bertrand Russell en 1931 muestra como la ciencia necesariamente procede de conocimientos y situaciones completamente novedosos para las personas comunes.

La técnica en la naturaleza inanimada
Por Bertrand Russell (1931)

fotobertrand_russell.jpg«La mayoría de las máquinas, en el sentido más limitado de la palabra, no presuponen nada que merezca ser llamado ciencia. Las máquinas fueron, en su origen, un medio de conseguir que la materia prima inanimada pasase a través de una serie de movimientos regulares que hasta entonces habían sido ejecutados por los cuerpos y especialmente por los dedos, de los seres humanos. Este es el caso manifiesto en los hilados y tejidos. No implicó tampoco mucha ciencia la invención del ferrocarril o los primeros pasos de la navegación de vapor. Los hombres utilizaron en estos casos fuerzas que no estaban recónditas en modo alguno, y que, aunque asombraron, no debieron haber sorprendido tanto. El asunto varía cuando se pasa a la electricidad. Un electricista práctico tiene que desarrollar un nuevo tipo de sentido común del que está del todo desprovisto un hombre ignorante de la electricidad. Este nuevo tipo de sentido común consiste solamente en el conocimiento descubierto por medio de la ciencia. Un hombre cuyos días hayan transcurrido en una existencia rural sencilla conoce lo que un toro salvaje es capaz de hacer; pero, por muy viejo y sagaz que sea, no sabrá lo que es capaz de hacer una corriente eléctrica.
[…] Algún genio, en fecha remota olvidada, inventó la rueda, y otro genio indujo al buey y al caballo a dar vueltas a la rueda. Debe haber sido una tarea mucho más difícil domesticar al buey y al caballo que domar la electricidad; pero la dificultad fue entonces de paciencia, y no de inteligencia. La electricidad, como un geniecillo de las mil y una noches, es un servidor siempre dispuesto para cualquiera que conozca la fórmula apropiada. El descubrimiento de la fórmula es difícil, pero lo restante es fácil.
[…] Los descubrimientos científicos han sido hechos por sí y no para su utilización, y una raza de hombres sin amor desinteresado al saber nunca hubiera realizado nuestra actual técnica científica. Tomemos como ejemplo la teoría de las ondas electromagnéticas, de la que depende el empleo de la telegrafía sin hilos [1]. El conocimiento científico en esta materia comienza con Faraday, que fue el primero que investigó experimentalmente la conexión de los fenómenos eléctricos con el medio en que se producen. Faraday no era matemático; pero sus resultados fueron reducidos a forma matemática por Clerk-Maxwell, quien descubrió, por medios de índole puramente teórica, que la luz consiste en ondas electromagnéticas. El siguiente avance fue debido a Hertz, que fue el primero que logró producir artificialmente las ondas electromagnéticas. Lo que faltaba por hacer era sencillamente el invento de un aparato con el cual se lograse producir dichas ondas con un fin comercial. Este paso, como todo el mundo sabe, fue dado por Marconi [1]. Faraday, Maxwell y Hertz, por lo que hasta ahora se ha podido colegir, no pensaron ni por un momento en la posibilidad de una aplicación práctica de sus investigaciones. En realidad, hasta que las investigaciones estuvieron casi ultimadas fue imposible prever los usos prácticos que iban a derivarse de ellas».

Parte I: Comienzos de la técnica científica

NOTAS DE EDUTECNO:
[1] la paternidad del primer aparato de radio sin hilos es algo confuso. A Marconi se le conoce como el padre de las comunicaciones inalámbricas, al punto de hacerse acreedor por esto del premio Nobel de física en 1909. Sin embargo, el inventor  serbio Nikola Tesla hizo una demostración pública de comunicación inalámbrica en 1893, un año antes de que Marconi presentara en Londres su “caja negra”. Esta no era más que una reproducción de las descripciones que Tesla había publicado de su aparato y que fueron traducidas a varios idiomas días después de su primera publicación. En 1899, muchos científicos se burlaron de Tesla cuando este planteó la posibilidad de comunicación interplanetaria. Ni Tesla, ni esos científicos vivieron lo suficiente como para escuchar la conversación “telefónica” entre los astronautas del Apolo 11 desde la Luna con el presidente Nixon en la Casa blanca en 1969.

CRÉDITO
Russell, Bertrand (1983): La perspectiva científica. Editorial Sarpe, Madrid. Este fragmento está compuesto por apartes de las páginas 123-125 del mencionado libro y se reproduce aquí únicamente con fines exclusivos de ilustración de la enseñanza, de acuerdo con: Artículo 10 del Convenio de Berna (OMPI); Artículo 22 del Acuerdo de Cartagena, Decisión 351 de la CAN; Artículo 32 de la Ley 23 de 1982 de Colombia. Ver el artículo Limitaciones a los Derechos de Autor.

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